El coste de ignorar.
Durante años confundimos estabilidad con ausencia de movimiento. Mientras las pantallas prometían comodidad, crecían nuestras dependencias: plataforma, cliente, ingreso, tecnología.
La cuestión no es predecir la siguiente crisis. Es medir cuánto margen conservamos cuando cambian las reglas. Quien tiene margen puede esperar, elegir y negociar.
El futuro favorece menos al que lo predice que al que conserva capacidad de movimiento.
Hoy: identifica una dependencia excesiva. Construye una salida mínima.